sábado, 17 de julio de 2010

Visión de un recuerdo...

Cierro mis ojos un momento, en medio de espejismos que me permiten vislumbrar mi mente decaída. Recorro las calles de la memoria, desierta, marchita y pálida, entonces comprendo que temo al ayer, al rollo de reminiscencias que se descuelga de mi retina impaciente, impávida, absorta… desolada por el tiempo transcurrido.

Ahí te veo, afuera, adentro… en todas partes. Te busco, te escapas ¿quieres venir?, ¿quieres huir?... Mientras yo vuelvo una y mil veces para despedirme, alejándome de mí, del mundo, del espacio de los sentidos, de la eternidad momentánea… de la espera impaciente. Entiendo que esto es lo que me quema, como una llama caliginosa, como un océano ebrio en busca de la playa, como la aurora inextinguible en el límite del cielo, como la serenata intangible que regala la lluvia de junio… como una locura serena.

Extiendo mis brazos y mis manos sangran, sangran repudios al olvido, sangran fragmentos de mi aliento de ayer, sangran momentos paralíticos dentro de la burbuja del tiempo, y se coagulan en un espacio sin límites, sin formas, sin instancias determinadas. Coagulan en mi interior y repercuten en subrepticios lugares de mi alma lánguida por el viento de los años, que se ha llevado todos los colores y me ha dejado un tono sepia que sabe amargo en mi paladar.

¿Quizás? , ¿Tal ves?..., se entrecruzan los caminos y tengo temor de enredarme en ellos, de no encontrar la madeja correcta, siento escalofríos de soltar la hebra que me conduce por senderos feraces , nunca antes recorridos por los hombres, por el umbral de la sencillez… por la hermosura de las cosas simples.

Tengo miedo de pecar por la cautela de repudiar los errores, los cuales he crucificado una infinidad de veces , sin pensar en resucitarlos , sin embargo he concluido que entre más me esfuerzo en desvanecerlos, más he vuelto a cobijarme con el santo manto de la reincidencia.

En mi interior, siento miles de mariposas que se conciben como “momentos”, las cuales se contornean acribillando mis sentidos, que por ahora viajan en primera clase en el tren eterno de la nostalgia. En ellas me veo reflejado, en un espejismo anacrónico donde la muerte no tiene sentido, porque a ninguna de ellas ha podido atrapar con su red del beso mortal.

(Nemël)

No hay comentarios:

Publicar un comentario